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: Compartir el duelo (Ester Alonso) Psychologies
: yo 17 de October de 2013, 02:08:50 PM
Compartir el duelo
Asumir una pérdida es la prueba más difícil que se presenta en la vida. Prestar ayuda, consolar, apoyar a un ser querido en estos momentos es una tarea complicada e incluso amarga. ¿Qué se pude hacer cuando alguien sufre?

Tu hermana llora amargamente en el aniversario de la muerte de su marido. Tratas de consolarla… pero tus palabras la alteran todavía más. Desde que murió su padre, tu pareja duerme muy mal por las noches. Intentas decirle que había tenido una vida larga y feliz… pero no te escucha. “Acompañar en el duelo resulta descorazonador la mayoría de las veces, requiere una resistencia y una dedicación para la que no siempre se está preparado”, explica Adela Torras cofundadora y presidenta de la asociación AVES de grupos de duelo, autora del libro “Acompañar en el duelo”(Ed. Luciérnaga). La muerte forma parte de la vida, debemos aprender a convivir con ella y a aceptarla. “El proceso de superación del duelo entraña un trabajo psicológico, cuya parte más importante consiste en hacer un reajuste o reaprendizaje emocional. Enfrentarse a los primeros días señalados (el primer cumpleaños sin..., el primer aniversario sin..., las primeras navidades sin..., etc.) requiere de un esfuerzo suplementario de adaptación a la nueva situación”, comenta Alfredo Guijarro psicólogo y socio fundador de la Sociedad Española de Psicología Aplicada a  Desastres, Urgencias y Emergencias (SEPADEM). La duración del duelo depende de una serie de factores. Por un lado, están los factores de riesgo, como los antecedentes traumáticos recientes, las patologías sufridas o el estado emocional anterior al hecho doloroso. Por otro, están los denominados factores de protección; la red de apoyo psicológico estructurada y las relaciones familiares. El nivel de resiliencia también es un aspecto a considerar: “La resiliencia está compuesta por la resistencia personal ante el trauma y por el crecimiento traumático, es decir, la capacidad de cada uno de extraer enseñanzas del proceso y crecer personalmente durante el mismo”, completa Guijarro.
Para facilitar la recuperación en el proceso de duelo es necesario trabajar en dos grandes áreas: el funcionamiento del individuo y sus sentimientos. “Hay personas que recuperan sus rutinas normales pero obvian sus sentimientos. Otras se centran en sus sentimientos y dejan de funcionar”, comenta Mari Paz García Vera, profesora titular del departamento de personalidad, evaluación y psicología clínica de la Universidad Complutense de Madrid, especializada en el tratamiento a víctimas de atentados y catástrofes. El acompañante debe intentar poner las bases para que ambas áreas se desarrollen de forma paralela. El cómo y cuándo hacerlo dependerá del momento en que se encuentre la persona que está pasando el duelo.

Proceso del duelo
Desconcierto, rabia, tristeza, pena… Desde que una persona sufre la pérdida, hasta que la remonta, pasa por diferentes estados. Es importante puntualizar que no todas las personas pasan por todos ellos y también que no se trata de un proceso lineal; puede haber saltos, retrocesos, e incluso cronificación de alguno de ellos. Según el modelo de Clark de 1984, el duelo tiene una fase inicial de shok (negación, embotamiento, insensibilidad, protesta, ira, etc.), en la que el individuo no es capaz de asumir lo que está pasando. “Al principio, la persona que ha sufrido la pérdida tiene la sensación de que eso no está ocurriendo. Puede llegar a llamar a su ser querido fallecido, e incluso a tener alucinaciones visuales y auditivas (verle, escucharle...)” explica García Vera. A este primer momento de desconcierto, suele seguirle una fase en la que la persona toma conciencia de la perdida y acepta su carácter definitivo. Es entonces cuando se establecen las primeras pautas de afrontamiento. Por último, hay una fase final de restitución y recuperación en la que la persona vuelve a unos índices de normalidad similares a los que tenía antes de la perdida. “No cubrir estas etapas, es decir, el anclarse en alguna de ellas, da lugar al duelo patológico, que tiene diferentes grados de incapacidad y que puede influir negativamente en la calidad de vida, por tanto el objetivo de profesionales y las redes de apoyo social de la persona (familiares, amigos, compañeros, etc.) es ayudar a superar estas etapas en las mejores condiciones” sostiene Guijarro.
Para ayudar a una persona que está pasando un duelo, es necesario entender que cada dolor es diferente. Según Adela Torras “Es importante que quien acompaña deje espacio suficiente al afectado, para que pueda escoger su camino”. Durante la primera fase, lo más importante es ofrecer apoyo incondicional y escuchar de un modo activo, demostrando que se es partícipe del dolor que sufre el otro. “Dejar que se desahogue, que exprese sus emociones para que éstas no permanezcan dentro generando una tensión emocional insufrible y con consecuencias altamente negativas a nivel fisiológico, cognitivo y conductual”, puntualiza el experto. En la etapa de afrontamiento, la conducta de apoyo debe dirigirse a favorecer la asunción de la pérdida como algo irreversible, a buscar alternativas que mitiguen el sufrimiento y, por supuesto, servir de paño de lágrimas en momentos de flaqueza. En la última fase la labor de la red de apoyo social se centra en el acompañamiento y refuerzo de la situación alcanzada y en la vigilancia de aquellos aspectos que nos puedan inducir a la vuelta atrás de la persona que esta elaborando el duelo. “Nunca se debe arrojar la toalla, si una alternativa no da resultado habrá que generar otra hasta que demos con la solución. Hay que prestar atención para no caer en la sobreprotección, que puede conllevar una victimización permanente y, por lo tanto, un duelo patológico”, opina Guijarro. Se debe permanecer al lado de la persona que sufre, pero dejar que tome decisiones. El objetivo es potenciar su autoestima y su independencia, para que afronte con las mejores expectativas los retos que se le presenten en la actual situación.

Pérdidas traumáticas
Se dice mucho que “Sobrevivir a un hijo es el más grande de los dolores” o que “Lo peor para un niño es perder a su madre”. Pese a que ambas situaciones son durísimas, no se puede determinar, a priori, que sean las más dolorosas. “Para muchas personas la pérdida de la pareja o de un amigo muy cercano supone el mayor de los dolores”, afirma Torras. El sufrimiento que viene asociado a una pérdida depende mucho del apego que tenga la persona hacia quién se ha ido y la situación en la que se encuentre. “Se supone que en una enfermedad larga tienes más tiempo para prepararte y despedirte, por ejemplo, pero no siempre es así”, completa la experta. Hay múltiples clasificaciones que intentan medir, sobre el papel, el dolor que produce la perdida de un ser querido. Una de ellas es la escala NASH (muerte Natural, Accidente, Suicidio y Homicidio), que clasifica de forma gradual la intensidad del duelo según que haya provocado la muerte. “Según esta escala, es más fácil abordar una muerte por causas naturales que un homicidio. Sin embargo -continúa Guijarro-, hay que tener en cuenta otros factores como el grado de parentesco, la cercanía, la historia reciente de perdidas y traumas, lo inesperado de la perdida, la reacción de la red de apoyo social en particular o de la sociedad cuando la repercusión sea de mayor alcance, la edad de la victima, etc.”
La culpa es uno de los síntomas más frecuentes y difíciles de superar en el proceso del duelo. “La culpa de haber sobrevivido, la culpa de haber hecho algo que pudo influir en la muerte, o sencillamente la culpa por no haberse comportado de una manera determinada con el fallecido. El acompañante, con ayuda de un terapeuta si es necesario, debe explorar esa culpa y ayudar a identificar pensamientos y creencias desadaptativas que pueden generar aún más sufrimiento”, añade García Vera.

Sublimación del duelo / Efectos secundarios
La pérdida de un ser querido puede despertar miedos que llegan incluso a convertirse fobias y desencadenar otro tipo de problemas como trastornos de alimentación, alucinaciones, depresiones... Si la persona que ha sufrido al pérdida padece algún tipo de trastorno, es muy posible que éste se agudice con el duelo. Es frecuente también que aparezcan nuevas patologías. En palabras de Torras: “La pérdida de un ser querido reabre heridas antiguas, miedos, tendencias autodestructivas... Las personas que tienden al victimismo, se sentirán víctimas de la situación y los que tienden a sentirse culpables, se responsabilizarán de lo que ha pasado”. Entender lo que está ocurriendo resulta fundamental para ayudar a salir del duelo. El vacío que deja una persona hay que llenarlo (no sustituirlo), hay que trabajar para que se llene de cosas positivas. “La pérdida de un ser querido es una prueba que nos pone la vida. En este momento tan extremo, la persona tiene la opción de hacer “limpieza interior”, de enfrentarse a sus carencias y sus miedos para superarse. Sólo así se saca algo posutivo del trauma”, concluye la autora de “Acompañar en el duelo”. Se debe recurrir a la ayuda de un psicólogo “Cuando los síntomas de tristeza, insomnio, etc son muy intensos, inmanejables. También hay que contactar con un profesional si, pasados dos meses de la pérdida, no se ha recuperado cierta normalidad de funcionamiento” puntualiza García Vera.

Otros duelos
Muchas veces nos sentimos afectados después de ver una catástrofe o un atentado en los informativos. “Tenemos asumido que el duelo es la pérdida de una persona próxima a nosotros. Pero el duelo es cualquier pérdida, puede darse por la pérdida de libertad, de trabajo, de futuro, la pérdida de una mascota, de un objeto querido, etc. El duelo puede deberse también a la suma continuada de pequeñas perdidas, que pueden parecer insignificantes, pero que unidas provoca un estado de indefensión”, explica Guijarro. A veces, la sociedad entiende mejor el sufrimiento de una mujer que ha perdido a su marido que el hecho de que cambie su vida para cuidar a su marido enfermo, sin embargo, ambas situaciones constituyen un duelo. “Para comprender el dolor de las personas es preciso ponerse en su lugar. Por eso los Grupos de Ayuda Mutua (GAM) funcionan tan bien, porque están formados por personas que comparten el mismo sufrimiento”, puntualiza Torras.

Ideas Clave
- Cada persona sufre su propio duelo. Para elegir su camino debe de tener espacio.
- A veces es más importante simplemente estar, que intentar hacer algo para ayudar.
- La victimización o culpabilización del que sufre puede llevar a un duelo patológico.
- Las pérdidas reabren heridas y temores. Dejar que salgan y enfrentarlos, fortalece.

Texto del libro “Acompañe en el duelo”, de Adela Torras (Ed. Luciérnaga)
“AVES, Asociación de Voluntarios para Enfermos Sanables, es un centro de duelo de ayuda a personas que han perdido a un ser querido o que sufren una enfermedad grave. Esta ayuda se realiza a través de los grupos de ayuda mutua, llevados por facilitadores que han tenido y traspasado su duelo y que se han preparado exhaustivamente, para poder ayudar como ellos han sido ayudados. Así se consigue que todas las personas que participan en el grupo se sientan comprendidas, ya que todos han pasado por el mismo dolor, pudiendo transformar con mayor facilidad sus emociones dolorosas y lacerantes que le embargan”