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AVES => Foro general => : jordi 14 de October de 2013, 10:11:11 PM

: La Felicidad en el duelo (por Miracles)
: jordi 14 de October de 2013, 10:11:11 PM
Hola a tod@s os paso el escrito que leyo Miracles el dia 19/3/12 en la conferencia de Anji Carmelo:

LA FELICIDAD EN EL DUELO
La palabra FELICIDAD se puede interpretar de muchas maneras. Para mí la felicidad no tiene que ver con lo que me pasa, sino más bien con lo que soy, con la forma que tengo de relacionarme conmigo misma y con los demás. Tiene que ver con  un estado de armonía, de paz interior. Para mí ser feliz es estar reconciliada conmigo y con el mundo y también con esa inteligencia y amor grandes que mueven el Universo y que algunos denominamos Dios.
Muchas veces identificamos la felicidad con la alegría y, en este caso, creo que nunca podríamos encontrarla en el duelo. Cuando acabamos de perder al ser amado el dolor es tan grande que, aunque podemos tener momentos de cierta alegría, de cierto bienestar, no podemos estar alegres. Porque estar alegre es un estado placentero, optimista, de regocijo… y eso es contrario a la inmensa pena que estamos sintiendo.
Si pusiera colores a la pena, la alegría y la felicidad yo identificaría la pena como el color negro o gris. La alegría tendría un tono subido de rosa  o sería roja. La felicidad en cambio la visualizo en diversos tonos suaves de lila, verde o azul.
Decía al principio que la felicidad, para mí, tiene que ver con la paz interior… y con la reconciliación. Y digo ahora: es muy difícil al principio del duelo sentirse en paz y en un estado de reconciliación. Tal vez, a lo único que podemos aspirar cuando estamos en esa fase primera tan aguda del duelo es a aceptarnos a nosotros mismos, tal y como estamos, tal y como nos comportamos, tal y como somos. Aceptar que lloramos más de lo que querríamos, o que no lloramos nunca, aceptar que estamos tristes a todas horas, aceptar que nos sentimos enfadados o culpables o que tenemos envidia de los que tienen todavía a su ser amado. Aceptar que no nos gusta que los otros miembros de nuestra familia no sientan el duelo de la misma forma que nosotros,  o todo lo contrario, que la sientan de una manera más aceptable para el mundo, pero aceptándolo a pesar de todo. No estoy hablando de aceptar, todavía, la muerte del ser amado, sino solo de aceptarnos a nosotros mismos tal y como estamos, tal y como somos, del todo. Y solo ahí, creo yo, podemos encontrar en esa primera fase un poco de paz.
Aceptar también, cuando ya ha pasado lo más terrible del duelo, que pasa el tiempo y seguimos sin tener  ganas de nada. Que aquella alegría de vivir, aquel disfrute de las cosas y de los acontecimientos de la vida que teníamos antes ya no lo sentimos. Que hacemos las cosas sin ganas, pero que aun así, las hacemos. Y darnos cuenta entonces del mérito que tiene eso y, si hace falta, nos ponemos medallas a nosotros mismos, como dice Vicenta, como premio a lo bien que lo estamos haciendo.
Sólo aceptándonos a nosotros mismos, poco a poco, vamos entrando en un estado en el cual es posible la alegría…y por descontado la felicidad. Porque la felicidad, entendida como paz interior, como reconciliación con nosotros mismos, creo que podemos aspirar a sentirla en todas las fases del duelo.
Pero la felicidad no se instalará del todo hasta que seamos capaces de aceptar el destino de nuestro ser querido. Su destino, que era vivir esos años, en esas circunstancias, por terribles que nos parezca ahora ¿Qué sabemos nosotros de lo que era mejor o peor para él? Sabemos tan poco… En realidad no sabemos nada, como decía Sócrates.  Y la felicidad se instalará por fin en nuestra vida cuando aceptemos, también, el destino que nos tocó a nosotros al sobrevivirle, porque seguro que la Vida tenía algo pensado para nosotros si decidió que siguiéramos aquí, seguro que hay un lugar en el mundo que la Vida nos tiene destinado a nosotros y seguro que es muy fácil encontrar ese lugar, solo tenemos que decir  SI a lo que la Vida nos va mostrando en cada persona, en cada circunstancia, en cada lugar. Así de fácil… i de difícil…