Autor Tema: A que he venido aqui (Por Miracles)  (Leído 2997 veces)

jordi

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A que he venido aqui (Por Miracles)
« en: 17 de Octubre de 2013, 12:23:29 pm »

A mi edad, cuando me planteo esta pregunta, no tengo más remedio que mirar hacia atrás y enumerar las cosas tangibles que han ocurrido en mi vida. Fui niña, fui mujer, me enamoré, me casé, tuve tres hijos. Por el camino hubo sufrimiento (por las pérdidas, por las enfermedades, por la falta de amor en mí…) Pero también hubieron puntos luminosos gracias a los cuales comprendí, gracias a los cuales pude empezar a amar.
Si me pregunto qué ha cambiado en mi vida desde que era pequeña hasta ahora, me doy cuenta de que el cambio más importante es que ahora me siento en paz. Cuando era  pequeña estaba llena de miedo, temía a la muerte sobre todas las cosas y por ende temía a todo y a todos. Vivía en una nube de miedo que no me dejaba vivir ni gozar.
Cuando llegó la adolescencia entró alguien en mi vida que me habló del cristianismo desde una perspectiva abierta y eso me gustó. Empecé a encontrar un camino para transitar. Aquello fue bueno en aquel momento para mí, pero se me hizo estrecho con el tiempo. Los buenos, los malos… Cuando estudié psicología me di cuenta de lo condicionados que estamos en la vida según haya sido nuestra historia y poco a poco dejé la religión.
Entonces encontré otro camino: la lucha por los derechos de los hombres a la igualdad, por la democracia, por el bien común. Y estuve un tiempo ahí que también fue bueno para mí porque me sensibilizó de los problemas sociales.
Pero llegó un momento que tampoco aquello era suficiente, seguía temiendo a la muerte y estaba continuamente enfadada porque las cosas no eran justas, porqué nada era como yo quería. Y empecé a tener depresiones. Para mí la depresión fue la forma de manifestar que no había encontrado el camino, mi camino, el que me estaba  esperando pero que no veía o no quería ver.
Y llegó un momento en que encontré ese camino, o en que me atreví a abrirme a la vida de otra manera. Fue el primer SÍ al que siguieron muchos otros SIES. Fue un camino en el que entraba también la tradición de sabiduría oriental  y que me aportó mucha luz. Fue un Sí a pesar del miedo que me daba el no saber donde me llevaría aquello. Pero ahora creo que estoy en el camino correcto porque la paz se instala cada vez mejor en mi vida. Ya no juzgo tanto y voy  aprendiendo a decir: `no se´. Antes creía saberlo todo y me enojaba porque las cosas no eran como yo quería, ahora me dejo guiar por la vida. Aplico el `no sé´ tantas veces como puedo y procuro gozar cuando las cosas vienen de cara y aprender cuando las cosas vienen de espaldas.
No sé que me demandará la Vida a partir de ahora. Creo que lo único que he de hacer es estar atenta a las señales. La Vida me ha empujado hasta ahora y estoy segura de que lo continuará haciendo. Me fío de la Vida. Y en este camino de la Vida pido que pueda saber  dar con humildad  aquello que me ha sido dado y con la misma humildad recibir lo que la vida me traerá. Para ello tuve la suerte de tener en mi marido un ser tan agradecido a la Vida que no pude por menos que aprender un poco.
Creo que en la vida de las personas hay un ascenso y un descenso. Primero estamos pletóricos y subimos la montaña de la vida con muchos tropiezos pero con una gran energía. Es el momento de buscar una profesión,  enamorarnos, criar a los hijos… Caemos, nos levantamos y al final llegamos a la cima. Con alegría o sin ella pero desde el ego apuntalamos aquello que creemos ser y decimos: `Yo soy esto´. Entonces, suceden cosa que nos hacen dudar de lo que somos, cosas que son muy dolorosas -la muerte de nuestros seres queridos son el mejor ejemplo- y, entonces,  si somos capaces de entender las señales y traspasar el dolor, a partir de aquel momento no haremos otra cosa que descender la montaña. Ya no estamos tan seguros de nada, ya no juzgamos con el mismo ahínco, ya vamos descubriendo lo poco que sabíamos cuando creíamos saber tanto. Y el descenso es amable y es bueno, porque en él aprendemos a ser y a estar en un lugar más humilde. Y en este descenso encontramos el dolor, la enfermedad y por fin la muerte. Pero el camino del descenso, si hemos estado atentos,  nos habrá preparado para ello y podremos abrazar la muerte de la misma forma que hemos abrazado la vida, con amor y gratitud.
Y para responder claramente a la pregunta del comienzo ¿Para qué hemos venido aquí? En mi caso podría decir: Para intentar convertir el miedo de mi infancia en amor y gratitud.      Milagros Soler. Taller de Angi Carmelo