"Cuando alguien se acaba, se acaba del todo excepto en la memoria, ya no está ni nos oye, y solamente la costumbre de dirigirnos a él y de tenerlo en cuenta -que tarda mucho en perderse, y a veces no se pierde nunca- justifica nuestras visitas al sitio en que fue depositado, y aunque le hablemos a una piedra, como han hecho con emotividad muchos personajes de John Ford en sus películas. Pero para eso no hace falta desplazarse ni estar en ningún cementerio ni buscar ninguna tumba, uno puedo "hablar" en casa con el recuerdo de cualquier difunto, y por supuesto puede oírlos responder en sueños de los que despertamos desconcertados, medio tristes y medio contentos."
Javier Marías, extracto del artículo Figuraciones sólo nuestras, publicado en El País Semanal