LA DESPEDIDA
En nuestras circunstancias, hablar de despedida, no es decir adiós.
La despedida debe entenderse como la manifestación, verbal a través de actos, de comunicar a nuestros seres queridos todo lo que han significado para nosotros y cómo han influido en nuestras vidas.
Así pues, por ellos y por nosotros mismos, debemos propiciar la despedida.
Pero, también, es cierto que la forma de morir nos puede “facilitar” la despedida o, por el contrario, nos puede quedar como una asignatura pendiente.
No es lo mismo la muerte por enfermedad que, a consecuencia, del tiempo de duración de la misma permite, aún con mucho dolor, ir preparando la despedida, pudiendo zanjar viejos malentendidos y conocer los deseos del enfermo sobre como vivir el tiempo que le queda y atender la decisión de su propio final.
En el caso de una muerte repentina, ya sea por accidente, asesinato, suicido, etc., no nos da tiempo de despedirnos de ellos, pero…. Podemos hacerlo de otras maneras: centrándonos en su recuerdo y con tranquilidad y meditación hablarles como si estuvieran a nuestro lado y decirles todo aquello que no pudimos decir en su momento; o mirando a un espejo dirigirnos a ellos abriendo nuestro corazón y expresando nuestros sentimientos callados durante tiempo.
Lo esencial es poderlo hacer porque así nos sentiremos mejor y a ellos, según mi creencias, les ayudamos a ir hacia la Luz con paz y tranquilidad.
Es cierto que las creencias que cada uno tenga son muy importantes, independientemente de la forma de morir; para mí, según mis creencias nunca están solos, y en esos momentos de confusión están acompañados por nuestros guías, ángeles, seres queridos... que se fueron anteriormente y que les facilitan el paso a la dimensión espiritual.
En mi caso, mi hijo murió de un accidente y yo no estaba con él en ese instante, pero él no estaba solo. Y yo más tarde, cuando fui consciente de su partida, me pude despedir de él.
Un hecho curioso y que me sorprendió fue el conocer por sus amigos que el día anterior a su marcha se despidió de ellos, e hizo las paces con chicos con los que tenía alguna diferencia.
Se despidió de todos excepto de su amigo más íntimo con el que no coincidió aquella noche; pero unos días mas tarde, este amigo vino a nuestra casa a decirnos que le había ocurrido una cosa extraordinaria, nos dijo:
“he soñado con Sergio, estaba yo en la cama y se me apareció delante de mí, iba vestido de snow y tenía un haz de luz muy brillante alrededor suyo y me dijo: Hola Ru vengo a despedirme de ti, aquí estoy muy bien y quisiera que cuidaras de mis padres como cuidas de los tuyos, y se despertó de pie en medio de la habitación sorprendido por este sueño.”
Esto demuestra que no hay una sola forma de realizar la despedida, pero debe de hacerse de la manera que nos sea más cómoda y menos dolorosa, porque si no lo hacemos siempre tendremos esa asignatura pendiente, y el dolor se instalará de forma crónica en nuestras vidas.