Autor Tema: Muerte, Luz y Renacer (Anji Carmelo - II Jornada Dol Lleida)  (Leído 2845 veces)

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Muerte, Luz y Renacer (Anji Carmelo - II Jornada Dol Lleida)
« en: 17 de Octubre de 2013, 01:50:27 pm »
MUERTE, LUZ Y RENACER 

Nacer nos abre la puerta a la mortalidad, la muerte nos regala la inmortalidad, nos regala la vida.
La muerte es el punto de partida perenne porque sin ella no podríamos vivir el eterno presente.
Si no soltamos lo que ya ha sido no podemos nacer a lo que está a punto de ser.
Muerte está constantemente abriendo la puerta a todo aquello que espera en la antesala para formar parte de nuestra vida.
Por qué damos la espalda a la muerte, intentando por todos los medios no pensar en ella y de paso perdiendo la oportunidad de hacernos amigos de lo inevitable?
Dicen que la muerte es la gran desconocida, pero en realidad es la gran conocida porque forma una parte imprescindible de lo que llamamos vida.
Hemos llegado aquí hoy con incontables muertes a nuestras espaldas.
Sin la muerte todo lo caduco seguiría lastrándonos y el peso se haría tan insoportable que acabaríamos inmovilizados, presos de todo lo que ya no nos sirve.
La muerte de lo que podemos tocar no es una privación porque permite que vayamos más allá del tener para reconocer el ser… la esencia.
La muerte nos libera del deterioro porque destaca lo perenne.
Cuando perdemos a un ser querido… en el momento en que dejamos de llorar su ausencia física, empezamos a encontrar su presencia en todo lo que somos y nos rodea.
De pronto lo que significaba se multiplica.
La mariposa que nace al final de un proceso de metamorfosis nos entrega simbólicamente el lado luminoso de la muerte.
Llevamos a la mariposa en nuestro interior. Somos capaces de sobrevolar nuestras pérdidas y colocarnos por encima de todas las pruebas, mejorados y enriquecidos.
Tenemos que tener una idea de muerte totalmente liberadora e inspiradora.
Existen muchísimas propuestas de lo que nos está esperando altamente alentadoras
Porque destacan el lado más lumínico de la muerte. Su mensaje es capaz de acallar cualquier temor que nos pueda inhibir o causar rechazo a lo que en realidad es paso liberador y expansivo.
Identificarnos con lo eterno nos libera de la amenaza de la temporalidad. Identificarnos con nuestros valores humanos y nuestras inspiraciones divinas, sabiendo además que son indestructibles, es la mejor forma de liberarnos de la amenaza que supone la muerte física.
Para mí, todo trabajo evolutivo tiene que llevar a esta liberación como también todo duelo tiene que en algún momento desprenderse de la necesidad de tener físicamente al ser querido para unirse a través del amor y la conexión trascendental con lo sutil.
Para hacernos amigos de la muerte vamos a tener que ir más allá de nuestro cuerpo físico y valorar todo aquello en nosotros que no tiene límites ni finales.
Para morir bien tenemos que vivir de verdad.
Esto significa una perspectiva de arriba hacia abajo, viviéndonos desde nuestra alma o trascendencia, significando todo lo que nos pasa desde lo mejor que somos.
Cuando nos vivimos desde la inmortalidad no hay final. La liberación de la materia nos regala la inmortalidad.
Vivir el amor, la comprensión, los sentimientos y pensamientos que nos dan alas significa que no tenemos que morir para ser eternos, ya que esas vivencias nos acercan a nuestra universalidad.
Al morir seguimos existiendo en todo lo que hemos vivido, personas, lugares, obras realizadas… el recuerdo puede alcanzar dimensiones más grandes que cualquier realidad.
Transformamos lo mortal y temporal colocándonos en la dinámica de dejar ir para seguir encontrando.
Cuando damos la espalda a la muerte damos importancia a los que ya hemos y no queremos “perder”.
Vivirse totalmente, con las alegrías y las penas, la celebración y el llanto, las dificultades y las bendiciones, significa desarrollar las capacidades que necesitamos para resolver y superar.
Vivirse totalmente permite descubrir que nada de lo que nos acontece va a superarnos.
En un momento de descubrimiento total, damos el paso de ser terrenal a ser universal, de ser temporal a ser eterno.
Lo que vivimos no está sujeto a fronteras materiales; nuestra ilimitación forma parte integral de nuestra esencia.
No existen fronteras que cerquen nuestra consciencia.
Así como creemos, así lo estamos creando.
Desde nuestra trascendencia podemos epezar a comprender Vida y Muerte y todos sabemos que cada comprensión nos lleva a más sabiduría.

Anji Carmelo