Autor Tema: Aceptar la muerte, vivir el duelo (A. Pangrazzi)  (Leído 3680 veces)

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Aceptar la muerte, vivir el duelo (A. Pangrazzi)
« en: 17 de Octubre de 2013, 02:05:40 pm »
Aceptar la muerte, vivir el duelo (entrevista a Arnaldo Pangrazzi)

Grupos de ayuda mutua, un lugar donde compartir el duelo

Quitar las espinas del camino
A lo largo del proceso vital, uno de los acontecimientos más devastadores a los que deben enfrentarse los seres humanos es la muerte de un ser querido. En teoría, todos sabemos que moriremos algún día y que también lo harán aquellos a los que apreciamos y nos sentimos fuertemente vinculados. Sin embargo, vivimos en una cultura marcada fuertemente por la negación de la muerte, la ocultación sistemática del dolor y la creencia ilusoria de que la juventud, la salud, los bienes materiales, nuestra familia y nuestros amigos permanecerán con nosotros para siempre. Por eso, hemos querido acercarnos al tema de la muerte, como única vivencia que todos los seres humanos compartimos. Reivindicar el duelo, romper con los tabúes y afrontar el miedo, desde la espiritualidad, el trabajo personal o la ayuda mutua.

“Hay que buscar el espacio para comunicar el dolor"

Arnaldo Pangrazzi es religioso camilo doctor en teología y graduado en supervisión de educación de la pastoral clínica. Junto a su labor en el Instituto Internacional de Teología Pastoral Sanitaria de Roma, coordina la animación de diversos grupos de ayuda mutua con personas que han sufrido pérdidas. Con su estilo claro y sencillo, aborda la experiencia del duelo ofreciendo pistas muy prácticas y realistas muchas de las cuales están recogidas en su libro, "La pérdida de un ser querido. Un viaje dentro de la vida".

¿Qué es el duelo?
Desde el punto de vista terminológico el duelo viene del latín dolus, que significa dolor, dolor ante el desprendimiento de alguien
o algo. Dolor frente a los desapegos que pueden ser de muy distinta naturaleza. Es decir, se produce una situación de duelo en las cosas más sencillas hasta en las más complicadas. Por ejemplo la pérdida de un trabajo, de la pareja, de un partido de fútbol, de un proyecto o de un sueño. El duelo está presente en todas las parcelas de la vida, la vida es un duelo.

¿Todas las personas reaccionan igual ante una situación de duelo?
A lo largo de nuestra existencia todos nos tenemos que enfrentar a diversas situaciones de duelo. Hay personas que afrontan más pérdidas que otras porque hay situaciones que escapan a nuestro control. Sin embargo, el modo en que afrontamos estos duelos varía en función de cada una. Existen personas que desarrollan mayor conciencia y familiaridad con el proceso de duelo diario. Interiorizan que cada cosa es un don, que todo es vulnerable y que todo lo podemos perder en cualquier momento. Este tipo de personas aprecian más lo que viven, son personas para las que las separaciones son menos traumáticas. Sin embargo, en los países
del Norte recibimos mensajes contrarios. Los influjos que recibimos son lo de una sociedad que niega el dolor, las pérdidas y que
está obsesionada con el éxito. Sin duda, la cultura del materialismo, del hedonismo, de la relativización de los valores son obstáculos
que impiden ir al corazón de la vida, a la sustancia. Uno cree que lo externo es lo esencial y lo interno es lo secundario. Después
de una situación de pérdida, un conflicto, un fracaso hay personas que caen derrumbadas porque a pesar de que externamente lo tenía todo para ser feliz, le faltaba la fortaleza interior que le permitía enfrentarse con sus fracasos y pérdidas.

¿Cómo podemos educarnos en la dinámica de la continua separación?
Las personas podemos aprender a vivir con nuestros límites, a vivir con los desapegos que debemos experimentar a lo largo de
nuestra vida. A veces es un proceso instintivo. Otras es un proceso racional que se produce cuando la persona aprende a interiorizar el fracaso, frente al desánimo y la autolimitación se dice a si mismo que sí que puede sobrevivir ante la pérdida.
Otras es un proceso emotivo cuando comunicamos nuestras tristezas, manifestamos nuestro sentido de culpabilidad o desahogamos
la rabia. Todos estos procesos nos permiten ver que podemos seguir adelante.

¿Qué es lo más difícil en una situación de duelo?
El mayor desafío ante un duelo es la aceptación, es decir, reconciliarse con la pérdida y aprender a vivir en paz. Algunos logran la
aceptación en las primeras etapas tras la separación, otros, en cambio, el desafío de la aceptación se convierte en el logro de su vida y hay otros que nunca lo consiguen. Sin duda, cada persona tiene que experimentar su propio proceso. Profesionales, psicólogos, psiquiatras, sacerdotes tenemos que estar presentes para facilitar el proceso, pero las personas tiene que asumirlo
y aceptarlos. En este sentido, la comunicación es clave para lograr la aceptación de la pérdida. De alguna forma hay que buscar el espacio para comunicar el dolor, el vacío que se siente tras la pérdida.

¿Cómo se afronta el duelo desde la fe?
En primer lugar habría que ver cómo cada persona practica, entiende o da testimonio de su fe. Para algunos su fe está ligada a su
pertenencia religiosa en la que su fe se expresa desde una doctrina, la católica, la judía, la islámica… Para otras la fe es tener una conexión con otra realidad trascendente a la vida que va más allá de lo material. Buscan su fe en el significado más profundo de las vivencias humanas. Por otro lado, para otros la fe es en alguien o algo. Para otros la fe es donación, entregarse a los demás,
en amar a Dios y al prójimo como a ti mismo. También hay quienes entienden su fe como estar en paz consigo mismo, es decir,
con sus propios límites y los dones que ha recibido intentando compartir con los otros. Para otros, en cambio, es vivir con la impotencia, aceptar la mortalidad e intentar ver que la única certidumbre es la incertidumbre: valorar el presente.
En definitiva, la fe, en cualquiera de sus manifestaciones, ilumina las etapas de la vida, pérdidas incluidas ■

Entrevista a Arnaldo Pangrazzi profesor en el Camillianum,
Instituto Internacional de Teología Pastoral Sanitaria (Roma)
Alandar 252, noviembre 2008