Autor Tema: El crecimiento natural (Antonio Blay)  (Leído 3578 veces)

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El crecimiento natural (Antonio Blay)
« en: 17 de Octubre de 2013, 02:29:48 pm »
EL CRECIMIENTO NATURAL.

Si examinamos nuestra existencia veremos que parece que hay algo que la está empujando, algo que es una motivación fundamental que empuja la vida en todas las formas que adopta, un leitmotiv, una finalitat. Ésta es la de que todo tiende a crecer, todo tiende a desarrollarse, todo está empujado por una fuerza por la que tiende a llegar a un óptimo desarrollo: desarrollo como individuo y desarrollo como especie.
Podríamos decir que parece que toda la vida, a través de sus formas, tiene como consigna actualizar un potencial que uno trae consigo. Una vez está actualizado parece que éste es el punto máximo y es como si se hubiese realizado el sentido inmediato de la existencia. Es así en plantas, en animales, en el ser humano, cada uno a su escala correspondiente. Esta consigna es constante.
Junto con este desarrollo, el desarrollo del potencial, va siempre inherente una conciencia interna de madurez y de plenitud. Así pues, esto no supone tan solo el desarrollo de un organismo, de unas facultades, de unas habilidades, sino que parelamente a este desarrollo de estructuras, a este desarrollo objetivo se produce un desarrollo interno de conciencia de mayor madurez y plenitud. De tal manera que se puede decir que la única plenitud concebible, real, en el mundo concreto es la plenitud que es consecuencia de una plena actualización del propio potencial. Y digo esto porque, aunque en la vida se puedan tener momentos de plenitud, cada vez que uno vive una experiencia muy grata, que se cumple un deseo, que se supera una crisis, esa satisfacción, esas plenitudes que se pueden vivir son siempre temporales. En cambio, la plenitud que viene como consecuencia del desarrollo real del propio potencial es una plenitud irreversible, es una plenitud que permanece. En este sentido, existencialmente hablando, la única plenitud es la resultante de la total actualización de potencial.
El potencial, según muestran la observación y la experiencia, está constituido substancialmente por tres cualidades básicas que son: la energía, la inteligencia y la afectividad.
De la energía deriva todo lo que son procesos energéticos, sea a nivel vital, sea a nivel psicológico: la voluntad, el impulso de vivir, la capacidad combativa. Todo esto son expresiones directas del aspecto energía.
De la inteligencia se deriva todo lo que son modos de conocimiento; desde la percepción de los sentidos a lo que es el proceso de relacionar datos, de abstraer, juzgar, intuir. Es decir, toda la gama de conocimientos surge de este principio de inteligencia.
De la afectividad deriva toda nuestra gama de sentir. En el aspecto biológico se manifiesta como placer-displacer o placer-dolor; en lo afectivo-psicológico como amistad, afecto, cordialidad, alegría, amor. En el aspecto espiritual se manifiesta como amor espiritual, sentimiento de belleza, de armonía, de adoración, de beatitud.
De estas tres cualidades fundamentales, en sus interrelaciones, se construye toda la complejidad de nuestra vida anímica. O sea, que todo, absolutamente todo, lo que experimentamos y lo que podemos experimentar, está hecho de estas tres cualidades vividas a un nivel más bajo o más elevado. Es decir que nuestra vida es como un proceso de actualización progresiva de ese potencial de inteligencia, energía y amor-felicidad.
En la medida que nosotros conseguimos actualizar en nuestra vida concreta, cada vez más, este potencial; en esta misma medida nosotros vivimos eficazmente en el exterior y con plenitud en el interior. O sea, que la plenitud es el resultado de esa actualización. La plenitud nunca viene como resultado de una adquisición, sino que viene como resultado de una plena actualización de nuestro potencial.
Lo exterior cumple para nosotros la función esencial de aportación de los elementos primarios necesarios para este desarrollo: para que yo pueda actualizar y para que al actualizar pueda construir. Del exterior me vienen todos los alimentos, pero es mi capacidad, mi hambre y mi capacidad de asimilar, la que me permitirá ulitizar esos alimentos para ir construyendo un cuerpo concreto. Del exterior me pueden venir estímulos afectivos, pero es mi capacidad de responder, mi capacidad de amar, la que aplicándose sobre esos estímulos hace que mi vida afectiva crezca.
Por lo tanto lo exterior cumple una función muy importante. Aunque no me aporte nada, lo exterior me proporciona elementos para que yo pueda actualizar. Es el suministro de materia gracias al cual lo que es mi facultad bàsica se convierte en algo concreto, se construye. Y esto sucede a nivel vital, a nivel afectivo y a nivel mental. Por ejemplo del exterior me viene información, pero es mi propia inteligencia la que entiende la información, la que maneja y asimila el significado de la información. El significado nunca me viene del exterior. Nunca la comprensión me viene del exterior. Del exterior me vienen datos, me vienen estímulos, me vienen sugeréncias, pero el acto de comprensión es siempre un acto que va de dentro a fuera, es un acto de actualización.
Así pues, nuestra vida es un proceso por el cual nosotros mismos somos los creadores de nuestra propia plenitud. No puedo vivir otra plenitud que la que es consecuente a mi capacidad de comprender, de amar y de actuar. En la medida que ejercito esto, en esa misma medida crezco. Crezco en un sentido externo, de capacidad de vivir, y crezco en un sentido interno de propia plenitud.
Es muy importante ver con certeza que esto es así porque nuestra vida está construïda sobre una creencia totalmente distinta. Nuestra vida está construïda sobre una creencia totalmente distinta. Nuestra vida está construïda sobre la creencia adquirida de que son las cirunstancias y las personas que me rodean las que hacen que yo sea feliz o desgraciado. Estamos viviendo bajo esa convicción y por ello culpabilizamos a los demás. En cambio, si uno llega a ver con claridad que nada del exterior puede suplir lo que es la actualización de uno mismo, si verdaderamente se ve claro, esto marcarà un cambio radical en la actitud que se tiene ante nosotros mismos y ante la vida.
Cuando se hace este descubrimiento uno se da cuenta a su vez de que él es el responsable único de lo que realmente vive. Porque el exterior puede producirme circunstancias agradables o desagradables, pero la respuesta que yo doy a esas circunstancias depende de mí, la puedo crear yo. Por lo tanto puedo ser dueño de mis respuestas y es precisamente esa respuesta la que me desarrollará, la que me actualizará.
No tengo ningún otro modo de llegar a un desarrollo de algo si n o es mediante el ejercitamiento de ese algo; mediante el ejercitamiento activo.
Si quiero llegar a vivir una plenitud afectiva, el único medio que existe es que yo ejercite activamente mi acto de amar, mi acto de responder con gozo, con felicidad a las situaciones. Mientras yo esté esperando que el exterior me llene de satisfacción, me llene de amor, estaré esperando toda la vida en vao. Lo único que me desarrolla es ese acto por el cual yo ejercito mi potencial.
Curiosamente eso se ve muy claro en el aspecto físico; yo sé que no puedo tener una fortaleza física que no sea el resultado de mi ejercitamiento físico. En la medida que ejercito, que hago gimnasia, que hago efecticio físico, etc., en esa medida soy más fuerte y no puedo esperar ser fuerte si no me ejercito. Pero, curiosamente, en lo afectivo estamos creyendo que es al revés, estamos creyendo que no depende de mi ejercitamiento sino que depende de lo que los demás me dan, como si lo afectivo fuera distinto de todo lo demás, como si fuera una especie de hucha y que se trata de que los demás me vayan llenando el depósito con afecto, con amor, con cordialidad.
Nunca seré feliz con el amor que recibo. Siempre seré feliz con el amor real que yo dé. Lo que sucede es que resulta fácil dar cuando se recibe, peo no es absolutamente imprescindible y, en este sentido, el tener unas situaciones que sean afectivamente agradables facilita, pero no sustituye, el que yo responda afectivamente.
En el aspecto inteligencia ocurre exactamente igual: mi capacidad de ver y comprender es el resultado del ejercitamiento activo que yo hago en actos particulares de comprender. Pueden llenarme la cabeza con la información de todas las bibliotecas del mundo y esto no me hará más inteligente. La inteligencia es la capacidad de ver, de comprender, de penetrar la verdad, el sentido o el significado de las cosas. Esto es un acto activo de mi propia capacidad central y sólo en la medida en que la ejercito se actualiza, se desarrolla. Yo puedo tener mucha cultura, que quiere decir información, pero eso no es la inteligencia. La inteligencia es la capacidad de ver por sí mismo, de comprender, y esto necesita también de esa actualización.
Así pues en todos los niveles siempre es lo mismo. Yo puedo tener un medio ambiente que sea agradable o desagradable, que estimule o que no estimule, pero lo único que en todo caso me desarrollará será en que medida yo respondo a las situaciones, sean las que sean, con mi potencial real. Me desarrollaré en la medida en que viva más mi interés por comprender, más mi gozo y mi afectividad, más mi energía profunda en relación con las situaciones.
Nada puede sustituir a este acto de presencia, de respuesta total de mí mismo. Yo soy exactamente la resultante de lo que he ejercitado, ni más menos, como ser concreto. Por lo tanto, yo me he fabricado a mí mismo, dándome cuenta o no, según las respuestas que he ido aprendiendo a dar.
Desde otro ángulo podemos decir que la existencia concreta está hecha sólo de cualidades positivas (energía, inteligencia y del amor-felicidad), y esto es la materia prima de la existencia y del ser humano. No hay otra cosa. Es decir que no hay en el ser humano nada que sea negativo; sólo hay cualidades, no hay defectos. Las cualidades son substanciales, son substancia. Defecto es la menor presencia o la insuficiente presencia de una cualidad y es lo que etimológicamente quiere decir defecto, déficit, déficit de actualización. Lo digo porque generalmente se tiene la idea de que el ser humano es un complejo que está hecho de cualidades y defectos, como si fuéramos dos cosas; como si la persona fuera una especie de mezcla, de cóctel de cualidades y defectos.
Todo lo que llamamos defectos no son más que cualidades que están insuficientemente desarrolladas. Lo cual hace que, si esto se llega a ver, a intuir realmente, se pase de una
Visión dualista, y por lo tanto de dos principios que se enfrentan, a una visión no dualista, a una visión de unidad fundamental, y la dualidad se crea simplemente por ilusión.
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SER. Curso de psicología de la autorrealización. Ediciones Indigo. Antonio Blay