Andrés Barba "Describir el duelo" El país, (la contra) 05/02/2011
La cosa más común entre todas las vidas: perder a alguien. Se sobrelleva que el muerto, el ausente, se haya convertido en algo imaginario, en algo casi falso, pero el deseo que se tiene de él no es imaginario. La presencia del muerto es imaginaria, pero su ausencia es muy real y sabemos que, a partir de ahora, ésa será su forma de aparecer. Y el grito de ese sufrimiento: "¿Por qué?", resuena no sólo a lo largo de toda la historia de la Literatura, sino a través de la plena conciencia de todas las acciones humanas. El carácter irreductible del sufrimiento hace que uno no pueda sentir horror por sí mismo mientras sufre de la misma manera que el absurdo detiene la inteligencia y la impide avanzar, pero -como es bien sabido- la ausencia de aquel a quien hemos amado no detiene el amor, el amor continúa tras la muerte en la obstinación del duelo. Sobre ese tema hay libros tan conmovedores como El libro de mi madre, de Albert Cohen, o Una pena en observación, de C. S. Lewis. Ahora se ha añadido otro, inédito hasta hoy: Diario de duelo, de Roland Barthes. Notas simples como golpes de aguja, un dietario de las impresiones, los descubrimientos diarios, las breves fulguraciones que asaltan a cualquiera que llora una desaparición... Barthes confirma lo que todos hemos sentido alguna vez al perder a alguien: el amor manifestado a los muertos es perfectamente puro pues el deseo por una vida que ya ha terminado no puede dar nada nuevo: se desea que el muerto haya existido y ha existido, pero junto a ese sentimiento, que es perfectamente real, se percibe que el mundo se ha despedazado y vuelto irreal. Dice Barthes: "La soledad donde me deja la muerte de mamá me deja solo en terrenos donde ella no tenía parte. Hay pues en el duelo una domesticación radical y nueva de la muerte; pues antes era sólo un saber prestado (torpe, venido de los otros, de la filosofía, etcétera), pero ahora es mi saber. Esto es para mí el universo: este lugar falso en el que nada es verdad, donde nada cristaliza".