Autor Tema: El tiempo en el duelo (por Anji Carmelo)  (Leído 2863 veces)

yo

  • Administrador
  • Usuario Jr
  • *****
  • Mensajes: 98
    • Ver Perfil
El tiempo en el duelo (por Anji Carmelo)
« en: 17 de Octubre de 2013, 03:06:00 pm »
El tiempo en el duelo (por Anji Carmelo, septiembre 2011)

Todos conocemos lo desconcertante que puede ser el paso del tiempo ya que cuando queremos que corra va con una lentitud que nos desespera y cuando queremos que se pare empieza a correr haciendo que todas esas horas que teníamos a nuestra disposición desaparezcan en un abrir y cerrar de ojos.  El tiempo parece estar en nuestra contra siempre, pero de pronto descubrimos, cuando miramos atrás que realmente éramos nosotros y no nuestra vida que estaba a destiempo.  Nosotros porque como los niños no queremos que la fiesta se acabe.  Normalmente preferimos vivir los ratos que calificamos buenos en vez de encontrar lo bueno en todo y así entrar en un continuo que sería lo mejor.

En estos momentos muchos de vosotros estáis viviendo otro aspecto desagradable del tiempo y es cuando en vuestro entorno os empiezan a meter prisa, apuntando a que ya ha pasado mucho tiempo y que ya tendríais que estar mejor.

Cuando perdemos a esa persona tan importante en el paso de nuestra vida a través del tiempo (lo digo así porque parece que nuestra vida aquí se mide en horas, días, meses y años, y nuestros seres queridos no, ellos ya se han liberado y están ese otro tiempo que podríamos llamar eternidad), padecemos aún más su relatividad y todo parece estar desacompasado.  Pero la verdad es que el tiempo nos brinda el espacio que vamos a necesitar para poder hacer bien el duelo y con un ritmo que tenemos que respetar, cada uno el suyo… entrar dentro de nuestras propias necesidades y vivirnos desde allí.  Entonces podemos dar la vuelta a lo ‘normal’ que es que el tiempo nos viva y empezar a vivir el tiempo con un ritmo marcado por nosotros.

Cada uno tiene un ritmo muy personal y particular y cuando somos conscientes de ello, dejamos de estar tiranizados por el tiempo y podemos utilizarlo para hacer nuestro duelo bien.  Cuando empezamos a conocer nuestro propio ritmo, nos damos cuenta que la ida y la venida del dolor está marcada por nuestra capacidad de soportar ese dolor.  Somos como una  concha de caracola guardando lo más importante, lo más significativo en lo más íntimo de nuestro ser, de manera que cuando de pronto perdemos a nuestro ser querido, lo que más se va a notar es lo más evidente, su ausencia física y eso ya es tan tremendo que no pudiendo soportar más dolor, sólo podemos darnos cuenta de eso.  Una vez pasado algún tiempo empezamos a notar lo que esa ausencia significa a nivel emocional (la pérdida de los sentimientos, la ternura, el amor vivido con esa persona y con nadie más) y a nivel mental (la comprensión, la complicidad, el entendimiento) y posiblemente tengamos lo que comúnmente se conoce como una recaída.  Entonces vamos a necesitar aún más tiempo para transformar los nuevos dolores y desajustes que no tienen nada que ver con el dolor inicial.  Y cuando eso empieza a ser soportable, nos encontramos con más complicaciones y pérdidas añadidas que no nos permitíamos ver anteriormente.  En todo este proceso, el tiempo se convierte en nuestro aliado más valioso.  En algún momento descubrimos que a más profundidad más necesidad de transformación, más tiempo.

Pero como dije antes, cada uno tiene su ritmo y no necesariamente significa que si yo he necesitado años, mi relación era más profunda y mi amor mayor… sólo significa que mi tiempo de procesar mis necesidades tiene un ritmo más lento.

Cuando jugamos el tiempo a nuestro favor, distribuyéndolo y haciendo que se adapte a nuestro duelo tendremos el ritmo adecuado que nos ayudará a transformar para seguir adelante hacia esa mariposa que espera al final de todo camino de duelo.