Autor Tema: Acompañar en el duelo, por Adela Torras Soler  (Leído 3282 veces)

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Acompañar en el duelo, por Adela Torras Soler
« en: 17 de Octubre de 2013, 03:34:23 pm »
ACOMPAÑAR EN EL DUELO
4 agosto, 2012 Hola amigos, este es el título del libro que escribí y en el que explico el porque de Aves y de mi experiencia a lo largo de 19 años al lado de personas que han tenido una pérdida. Recojo algunos fragmentos de él por si os interesa saber el proceso que he ido elaborando.

P: ¿Cómo surge la idea de la asociación AVES?
R: La idea surge en 1993 de forma totalmente espontánea. No había una idea preconcebida ni existía ningún proyecto de ayuda a personas que habían perdido a un ser querido, aunque yo, que ya había pasado por ese trance, sabía que podría ser una buena línea de trabajo. En aquel momento estaba ayudando a enfermos en fase terminal y además contestaba las cartas que los lectores escribían a la editorial después de leer el libro “La muerte: un amanecer” de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross.

P: ¿Cómo llega a tus manos el libro de Elisabeth Kübler-Ross?
R: Cuando mi marido Josep murió mi hermana me regaló el libro de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross. Yo no conocía el libro ni había oído hablar nunca de la escritora

P: ¿De qué fecha estamos hablando?
R: De octubre o noviembre de 1988. Josep había muerto en agosto. Leí el libro y constaté lo que ya sabía desde joven, que no tenía miedo a la muerte. En cambio, a la mayoría de la gente le es difícil aceptarla porque no sabe lo que hay después de ella. Algunos se preguntan si hay algo más allá o si realmente no hay nada después de la muerte. La religión y las creencias no siempre ayudan a calmar el miedo. Frente a la muerte hay quien, simplemente, no cree en Dios, otros no saben si creer o no y hay quien se muestra muy enfadado. Sin embargo, yo sabía que las diferentes reacciones de la gente son debidas al gran desconocimiento que rodea a la muerte. Para mí, la muerte siempre había sido un paso natural, sin que exista realmente algo que me pueda confirmar que hay vida después de ella..

P: ¿Como te preparaste?
R: En aquel momento yo me iba preparando y esta preparación consistía en resolver todas las carencias que iba teniendo al no tener a Josep a mi lado. Sabía que necesitaba cubrirlas y que podía aprender a hacerlo en lugar de pedirlo. Tenía la opción de buscarme a alguien que me solucionara el problema o afrontarlo yo sola. Y esto es lo que decidí. Llegué a la conclusión de que podía limpiar algunos dolores que estaban en mí con anterioridad. Recuerdo que un día cogí nuestros álbumes de fotografías.  Fui pasando páginas hacia atrás hasta llegar al día de la boda. Me di cuenta de que el enamoramiento no es verdadero por decirlo de una forma, aunque parezca un poco fuerte. Hay una gran cantidad de necesidad que sentimos como amor, pero nos engañamos. AMOR con mayúsculas no es dependencia, no es engancharse al otro, no es vivir a través del otro. La jovencita que había en mí ya estaba necesitando cosas desde el día que lo conoció, de hecho la Adela niña ya las necesitaba. ¿Y quién le daba estas cosas? Su padre, su madre, su abuela, sus hermanas. De golpe me di cuenta de que nadie me lo podía dar excepto yo. Así  empecé a ver lo que yo podía hacer por mí misma.

P: ¿Se nos educa a pedir desde pequeños?
R: No se nos educa, es una necesidad innata. El bebé tiene la absoluta necesidad de pedir, de que se le cuide. Podríamos decir que el bebé nace autista en el sentido de que no dispone de ninguna posibilidad de dar, sólo de pedir. Sólo puede vivir si se le cuida y se le ama, si no se muere. Por eso a mí, igual que a ti, no me enseñaron a proporcionarme mi propio alimento, el más importante de los alimentos, el del amor. No aprendí a amarme y por lo tanto lo estuve pidiendo hasta que me di cuenta que yo también me lo podía dar de la forma que solo yo sé lo que necesito.

P: ¿Tu preparación y aprendizaje se inician con la lectura del libro “La muerte: un amanecer”?
R: Aprender, lo que es aprender, lo hice a la fuerza, pero realmente no lo ves en los comienzos del duelo, ya que sientes mucho dolor y sufrimiento. Este sufrimiento puede durar mucho tiempo o solamente unos meses, todo depende de uno mismo y de la evolución anterior a la pérdida o al golpe que significa la pérdida. A veces un golpe fuerte puede ayudarnos a salir del estado de embotamiento en el que muchas veces vivimos. Lo que sí es seguro es que de una gran pérdida no sales igual que has entrado, o evolucionas o te hundes psíquicamente. También puede suceder que tu cuerpo no aguante tanto dolor sin resolver. Yo tuve la suerte de no hundirme en la desesperación ya que hay una fuerza en mi que siempre me tira hacia delante. El libro, con toda seguridad, me ayudó a prepararme para el nuevo camino que iba a empezar a seguir.

P: Y más tarde conociste a Elisabeth Kübler-Ross en persona ¿Cómo sigue la historia?
R: En agosto de 1992 me apunté a un curso impartido por Caroline Myss. Allí conocí a Pilar Basté, editora de uno de los libros de Carolina * y de “La muerte un amanecer” de Elisabeth Kübler-Ross y le pregunté si necesitaba ayuda para cuando llegase la doctora, porque sabía que iba a venir a dar unas conferencias en Barcelona. Pilar es una persona muy abierta y en seguida aceptó mi oferta y  así tuve la oportunidad de conocerla.

Elisabeth Kübler-Ross llegó a Barcelona en octubre y se quedó una semana, durante la cual yo le hice de chofer. Era una mujer menuda y delgada. Al conocerla me sorprendió que un cuerpo tan pequeño fuera capaz de albergar una fuerza tan inmensa. Yo no hablo inglés y no la entendía pero veía que su manera de hablar era segura y concisa, tenía muy claro lo qué había que hacer. Lo más importante para ella era dar a conocer toda su experiencia.

Recuerdo que un día Pilar y yo íbamos en coche con Elisabeth y le pedí a la doctora qué podía hacer para prepararme más a fondo para poder acompañar a enfermos terminales. Ella sin dudar me contestó que no tenía que hacer nada más, que ya estaba preparada,  y que empezara enseguida porque había mucho trabajo que hacer. Estas palabras de aliento y la fantástica experiencia que tuve durante el curso de Carolin Miss de aquel verano determinaron el inicio de una nueva etapa en mi vida.

P: ¿Cuándo surge la idea de crear el Centro de Duelo?
R: Cuando Elisabeth Kübler-Ross vino pidió a Pilar Basté que se encargara de contestar las cartas que la gente escribía después de leer “La muerte: un amanecer”.  En la última página del libro figura un apartado de correos al que poder dirigirse y eran muchas las cartas que los lectores enviaban. Pilar me propuso contestarlas. Estas cartas fueron los cimientos de la creación de los grupos de duelo.

Contestando las cartas me di cuenta que en un trozo de papel se podían decir muy pocas cosas. Se me rompía el corazón porque me parecía una ayuda insuficiente. Yo estaba convencida de que para consolar a una persona era necesario verla y charlar con ella.

Hubo quién llegó a escribir varias cartas que, por supuesto, le fueron contestadas. Cuando llevaba dos o tres meses haciendo este trabajo le sugerí a Pilar organizar unas reuniones periódicas para hablar del libro. Como llevábamos un control de todas las personas que habían escrito se lo comunicamos a aquellos que vivían en Barcelona capital y en las poblaciones cercanas.

Sabíamos de antemano que nosotras no éramos Elisabeht Kübler-Ross. Sólo pretendíamos hablar de lo que significaba para nosotras este libro y de lo que nos había aportado su lectura. Queríamos que cada uno de los asistentes fuera diciendo lo que pensaba porque estábamos convencidas que con las experiencias que allí surgirían todos podíamos crecer y aprender.

Recuerdo que nos había escrito una madre, una mujer joven a la que se le había muerto su hijo de cuatro años. Aquella carta era de una desolación absoluta, una llamada de desespero y de auxilio. Contaba que después de un año de la pérdida, su marido aun  no conseguía expresar la muerte de su hijo y que estaba a punto de reventar. No era capaz de llorar, ni podía sacar su dolor. No recuerdo lo que le contesté pero la invité a las reuniones.

Nos reuníamos en la misma editorial distintos padres, viudas, enfermeras etc.. Tambien vino el matrimonio que había escrito y el padre pudo sacar todo su enfado desde la absoluta rebelión a la vida y a la muerte. A partir de este momento su vida cambió y pudo ir espresando su dolor en los siguientes grupos que se empezarón a crear, especiales solo para personas en duelo.

Este fué el inicio y aquí estamos para todo aquel que lo necesite, desde el propio grupo en Barcelona y otras ciudades de toda España que se han ido creando y desder este blog
« Última modificación: 17 de Octubre de 2013, 03:38:29 pm por yo »