Hola atod@s:
He recibido una carta de una mama “anonima” que escribe sobre la muerte de su hijo, os la pongo porque es una herida que todos nosotros hemos tenido y tenemos, es la forma de expresarlo ella, cada uno tiene la suya, pero creo que siempre va bien conocer opiniones de otras personas, a ver que os parece:
Nunca antes nos habíamos interesado tanto por saber y entender lo que puede haber detrás de la muerte física, y de esto hemos hablado largo y tendido en muchas ocasiones que, no lo dudo, van a ser muchísimas más. Resulta durísimo enfrentarse a la pérdida de un ser querido, porqué tras él se pierde también nuestro propio ser. Conocer los testimonios de personas que traspasaron los “límites” y luego fueron recuperados nos alivia una barbaridad, pero queda un trabajo durísimo a realizar: Reinventarnos una nueva vida cuando nada nos motiva ni somos capaces de levantar nuestro propio espíritu.
Saberlos tan cerca de nosotros suele ser un consuelo, a la vez que una nueva forma de relacionarnos con ellos. Esto nos llena de una extraña alegría puntual, pero el día a día se nos presenta oscuro y sin sentido hasta que empiezas a percibir la riqueza que ellos nos entregaron y siguen entregándonos. Esto suele hacernos madurar, descubrir valores nuevos y más profundos, detalles que antes se nos escapaban sin ni darnos cuenta, y un sinfín de cosas ante las cuales vamos convirtiéndonos en seres bellos, serenos y llenos de vida, pero hay algo que a mí me llevó de cabeza durante mucho tiempo y era el intentar comprender el sentido de mi propia vida después de descubrir lo que descubrimos con su partida. Si la vida sigue y, como parece, de forma maravillosa y en un lugar que todos reconocemos como “estar otra vez en casa”, al margen de que me encante saber que mi hijo está bien, feliz y lleno de vida, ¿qué debemos estar haciendo aquí?
Siendo cierto todo lo que nos cuentan, parece ser que aquí estamos de paso. ¿Vinimos sólo para pasarnos todo el santo día en el trabajo y a merced de las necesidades de otros?, ¿para conseguir un gran coche, casa, vacaciones, ropa,...?, ¿vivir en función a contentar lo que otros piensen de nosotros? Evidentemente ahora sabemos que no, con la pérdida descubrimos las innumerables cosas de valor que nos perdimos en el camino por andar “ocupados” en temas “más importantes”. Esto termina por mejorar una barbaridad nuestra atención y prioridades, haciéndonos infinitamente más sensibles, y esto está bien.
Parece ser también que lo que nos espera es descubrir que somos queridos hasta límites insospechados, a la vez que seres sin cuerpo físico, casi perfectos, por no decir perfectos del todo. Ya que empezamos a ver que la cosa va por estos derroteros, ¿cómo llegar a entender nuestra “perfección” aquí y ahora, lejos de cualquier identificación con nuestro propio cuerpo material?, ¿qué puede suponer vivir el día a día redescubriéndonos como seres que vamos a trascender a esa realidad a la que hasta ahora llamábamos vida? Mirar al espejo y ver algo querido, pero obsoleto y que en nada refleja lo que verdaderamente somos, quizás nos pueda ayudar aún más en nuestro viaje actual, aparentemente carente de sentido, pero seguro que con una finalidad importante y de crecimiento personal.
Dura tarea nos espera pero quizás incluso lleguemos un día a sentirnos afortunados por todo lo ocurrido, máxime cuando ellos siguen aquí, esperándonos en su nueva “realidad”, la verdaderamente nuestra.