Autor Tema: Culpa y Recurso en el duelo (por Miracles)  (Leído 3024 veces)

jordi

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Culpa y Recurso en el duelo (por Miracles)
« en: 14 de Octubre de 2013, 10:18:58 pm »
CULPA Y RECURSOS EN EL DUELO
Ser humano significa ser culpable. Es casi imposible estar en el mundo sin herir nunca a nadie.  Las  personas que nunca sienten culpa, es porque se han parapetado de tal manera en su coraza que son incapaces de sentir el mal que hacen (les llaman psicópatas) pero las personas normales cuando hemos hecho daño, aunque sea sin querer, experimentamos culpa y eso nos impulsa a reparar el daño. Lo hemos experimentado infinidad de veces, ¿verdad?
A veces, en el duelo, sentimos culpa o hacemos culpables a otros, para ocupar nuestra cabeza en algo y de esta manera no sentir tanto dolor por la pérdida. A veces el dolor es tan fuerte que preferimos enfadarnos con los médicos, o con las personas que hirieron a nuestro ser querido o a nosotros, para enmascarar el dolor.
A veces somos nosotros los que nos sentimos culpables y esto nos obsesiona. Pero no nos damos cuenta de que si miro mi culpa no estoy mirando al otro. Mirar mi culpa es mirarme a mí misma. ¿Cómo pude hacer eso? ¿Cómo no se me ocurrió que…? En realidad es no aceptar que soy  limitada, que no puedo preverlo todo, que no soy perfecta. En una palabra, que soy humana y no me doy cuenta de que sólo mirándome a mi misma con misericordia puedo aupar la culpa que siento y llevarla conmigo sin que me aplaste.
Si en lugar de mirar al otro, a la persona a la que he hecho, o creo haber hecho,  un daño, miro mi culpa, en realidad lo que hago es dar vueltas alrededor mío y me olvido del otro. En cambio, si miro directamente a los ojos a la persona a la que creo haber hecho algún mal y le digo desde el corazón que lo siento, todo cambia. Y si esta persona es la persona amada, me daré cuenta de que ella no está enfadada, de que ella me mira con compasión, que no me culpa, que sabe que no soy perfecta y que justamente por eso me quiere, porque solo podemos amar lo que es imperfecto. Él, ella, tampoco era perfecto y por eso le amamos.
Me gustaría leeros ahora un ejemplo sobre como reparar una culpa de un librito precioso que he encontrado por causalid (no  casualidad) y que se titula “En la tristeza pervive el amor” lo escribe Elizabeth Lukas, discípula de Víctor Frank (que es el autor de “El hombre en busca de sentido”) Dice así:
Un padre sufrió la pérdida de su hija. Durante las obras de reforma de su vivienda, y sin que él se diera cuenta, la niña había caído en un barreño de agua de cal y se había ahogado. El padre se inculpaba con vehemencia por no haber tapado el barreño con tablones o con una lona protectora.
 Cuando ese padre se lo contó a Elizabeth, ésta le explicó un suceso de su infancia en el cual sus padres repararon el daño que le hicieron, pero ese padre no lo veía igual. Decía: “Sus padres me dan envidia. Pudieron reparar su descuido en usted, pero yo, ¿qué puedo hacer? “Exactamente lo mismo –le dijo Elizabeth- con una diferencia insignificante. Hágalo en su fantasía.  Vaya a visitar a su hija en un lugar en el que usted se sienta próximo a ella. Quédese allí, cierre los ojos y deje que se forme la imagen de la niña. Entonces explíquele cuanto siente no haber asegurado el barreño  y déjese sorprender por su  respuesta” El padre -dice Elizabeth-siguió mi consejo y experimentó una inmediata sorpresa. En su ejercicio de fantasía, la niña rondó sonriente por su cabeza. “Pero papá-susurró-tú me has querido, y eso es lo único que cuenta” El hombre juró que nunca había pensado recibir aquel mensaje. Incluso llegó a notar de manera misteriosa los dedos de su hija sobre su frente. A partir de aquel día cesaron sus atormentadas inculpaciones.
Y sigue Elizabeth: La disculpa sincera a los vivos y a los muertos es una clave de salvación. Las personas que no se han despedido de alguien por las buenas, tienen que recuperar a toda costa este momento, aunque sea en su imaginación. El terreno del espíritu es amplio y no se acaba en los límites entre el aquí y el allá. Va más allá del espacio y del tiempo. (…) Allí donde el duelo se mezcla con sentimientos de culpa, pedir perdón es el vehículo para la reparación. (...) Los muertos ya no viven en nuestra piel ni en nuestros dilemas (…) los que ya se encuentran más allá de los intrincados juicios terrenales miden con pautas divinas.
Miracles Soler para el grupo de Angi Carmelo